Luces y sombras para los emprendedores

El nuevo panorama económico de España está afectando la manera de enfocar el futuro laboral de los ciudadanos. Tradicionalmente el joven que entraba por primera vez al mercado laboral, ansiaba conseguir un buen puesto de trabajo en una empresa o una plaza de funcionario público para toda la vida. Ese era el fin del trabajador, conseguir un puesto rápido, y relajarse ante el futuro.

Eso se ha terminado. Con la debilidad económica del país y la volatilidad del mercado de trabajo, las empresas privadas ya no garantizan un puesto seguro para muchos años. Por su parte, los funcionarios con plaza respiran más tranquilos, pero para los aspirantes la situación es peliaguda. Plazas mínimas para demasiados interesados. Ser funcionario ya no es la panacea.
Así las cosas, emprender un negocio o una actividad se convierte en la salida laboral de muchas personas. No tanto por decisión personal, sino porque no queda otra opción. Desde los gobiernos se anima a los ciudadanos a emprender para mejorar el tejido laboral del país. Se estudian, además, diversas fórmulas para beneficiar a los nuevos empresarios y autónomos, pero las ayudas no son un acicate demasiado importante, debido a las dificultades propias de los organismos públicos que deben ofrecer dichas ayudas.

En febrero de este año, las sociedades mercantiles han crecido un 3,2% con respecto al mismo mes de 2011. Esto significa que muchos trabajadores se han animado a crear su propio negocio para afrontar su futuro laboral. Una buen dato que, sin embargo, debe ser contrastado. Una cosa en fundar una empresa y otra que tenga éxito y pueda ser rentable a medio plazo.

En 2011, 1 de cada 2 autoempleos perdidos en Europa era español. Más de 100.000 autónomos dejaron de serlo durante el pasado año en nuestro país. Cifras decepcionantes que enmarcan una situación del trabajador por cuenta propia muy alarmante. Con muchas empresas privadas en situaciones de riesgo, los autónomos tampoco han remontado el vuelo. Todo lo contrario.

Las buenas cifras de empresas fundadas en el mes de febrero de este año, chocan con los amargos datos de autoempleo destruido. Una situación de luces y sombras para los emprendedores españoles.

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